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12Abr

La importancia de aprender idiomas desde pequeños

 

Especialistas como Nicola Hardy, directora de Diverbo Kids & Teens, aseguran que la enseñanza del segundo idioma ha de comenzar a una edad muy temprana. Así el niño lo interioriza de forma natural.

En sus primeros años de vida, el cerebro de tu hijo es como una esponja. Por eso los expertos en el lenguaje animan a que los niños se lancen cuanto antes a aprender otros idiomas.

El bilingüismo no sólo mejora la atención, sino que sirve de entrenamiento mental y ayuda a ejercitar la memoria de los pequeños. “Durante los cuatro primeros años de vida es cuando se generan más conexiones neuronales. Este periodo, en el que se forma el cerebro del niño, es perfecto para alimentarlo con información y con estímulos lingüísticos”, explica el doctor Manuel Pedrosa, neurocirujano del Hospital de la Princesa, de Madrid.

Sin embargo, seguimos viviendo en un país que da la espalda a los idiomas. Según un reciente informe del Estudio Europeo de Competencia Lingüística, realizado a casi 8.000 niños españoles, el 63% no comprenden el inglés al finalizar la ESO. De ahí que una buena opción para que a tu hijo no le afecte esta deficiencia educacional es que le apuntes a algún centro de idiomas, mejor si es de los que enseñan a los pequeños a familiarizarse con su nueva lengua desde muy pequeñitos, casi desde la cuna.

Más fácil para el niño

Nicola Hardy, directora de Diverbo Kids & Teens, insiste en la necesidad de ponerse las pilas cuanto antes, siempre con la diversión como bandera. “A estas edades ningún niño se interesa por algo que le resulta aburrido, por eso la música es, probablemente, el mejor comienzo. El ritmo y la rima nos ayudan a recordar las cosas mejor. Y todo, aderezado con mucho refuerzo positivo”, aclara.

Natalia Perarnau, fundadora de Kids&Us, se percató de la importancia de aprender idiomas desde muy pequeños cuando fue madre por primera vez. “Decidí hablar a mi hija 10 minutos diarios en inglés, todos los días desde su nacimiento. Comprobé que a los 2 años me entendía muy bien e incluso trataba de contestarme construyendo frases cortas”, recuerda, sorprendida por el resultado.

El doctor Manuel Pedrosa, al hilo de esto, nos explica: “Cuando la madre habla a su hijo, el cerebro construye una arquitectura específica que se ajusta a los sonidos propios de esa lengua. De aquí la importancia de introducir los nuevos idiomas tan pronto. Además, se ha demostrado que a un niño le cuesta lo mismo aprender una lengua que dos.

Cuando el pequeño adquiere el lenguaje, la información que recibe se integra en una misma zona del cerebro, algo que no ocurre con los adultos: nosotros necesitamos dos áreas neuronales distintas para aprender un nuevo idioma”.

Como la lengua materna

El proceso a la hora de empezar a dominar un segundo idioma ha de ser el mismo que se produce en el aprendizaje de la lengua materna, insisten desde Diverbo Kids & Teens. Es decir, siguiendo cuatro fases: en primer lugar, escuchando, luego comprendiendo, a continuación hablando y por último, leyendo y escribiendo. El formato es claro: hay que reproducir el modelo de la primera lengua, pero con otro idioma.

En este sentido, todos los expertos coinciden en que enseñar sólo vocabulario es un gran error. “El niño ha de dominar las estructuras de la lengua. Si aprende a decir Can I go? (¿puedo ir?), con el tiempo podrá añadir cualquier lugar o acción a la frase: al baño, a jugar, a leer, a mi dormitorio…, ya que estas estructuras son prácticamente ilimitadas”, resume Perarnau.

Algo que comparte Nicola Hardy: “Lo que hacemos en nuestras clases es familiarizar a los niños con las estructuras habituales de una conversación ordinaria, como por ejemplo, los saludos. Y luego les vamos añadiendo otros formatos que se refuerzan visualmente, utilizando la constancia y la repetición. Ésta es un pilar fundamental en nuestro sistema de enseñanza”.

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